Tristeza, corazón endurecido, melancolía, esperanza y…España de hoy

Captura de pantalla 2015-05-05 a las 6.36.07En muchas ocasiones, tantas como noches transcurridas en el monasterio, antes de retirarme a la celda que me tenían asignada en clausura, escuchaba, cada vez con mayor emoción interior, aquel aserto cisterciense que exhorta al monje con esta frase: “ no endurezcáis vuestras corazones, porque un corazón endurecido nunca verá a Dios”. Y a quiénes la palabra Dios les pueda causar cualquier tipo de perturbación interior, les digo que el endurecimiento del corazón les priva de sentir el Amor, en todas sus dimensiones, incluyendo, en consecuencia la Belleza.

Por ello mismo, mis experiencias vitales -querido D. Julio— que han sido cuantitativa y cualitativamente abrumadoras y enriquecedoras —¿será cierto lo de tres vidas en una?— no solo no han contribuido al endurecimiento de la víscera en su dimensión espiritual, sino todo lo contrario, porque los peregrinos de la certeza —eso sí que es peregrinar— nunca renunciaríamos a ver la Meta. Y sabemos que frente al lenguaje de la llamada razón, existe el propio del corazón, y la afirmación va mas  allá de una estéril contribución a la mala poesía.

La tristeza no diría yo, pero la melancolía es casi consustancial, en la dosis de consumo variable acorde a cada uno, de la llamada galleguidad, y no es que Chaguazoso me haya jugado una mala pasada, es que simplemente, al ser parte de mi tierra, y encerrar en su ADN  cultural ciertas esencias del alma, me recuerda  a diario, mas en la albas que en los ocasos, que el temor de Dios del que hablaba mi querida abuela Luisa, es no solo cosa sana, sino imprescindible.  Un poco de melancolía, a fuer de sinceridad, indica que el corazón no  ha incrementado su dureza.

Dice usted, D. Julio, que “que la tristeza es enemiga de la lucha, y compañera del abatimiento, la critica estéril y la inacción”. Quizás en algún plano categorial en el que no soy experto, los significantes que utiliza en su frase ascienden a un significado que se me escape. Pero en la vida diaria, en esta manifestación en la que nos toca vivir, creo que los correlatos conceptuales son altamente discutibles y la mejor prueba de ello es que los estamos discutiendo.

Ante un diagnóstico letal de un cuerpo querido me invade la tristeza, pero en modo alguno el abatimiento —esto es, la rendición– ni la critica estéril —renuncio a criticar al viento— y para nada la inacción. Mas bien todo lo contrario. La tristeza nace, se genera por la constatación de una realidad que nos resulta indeseada, aunque no necesariamente incomprensible. Si siento tristeza por la situación de España es simplemente porque contemplo el resultado de nuestro vivir. Si me resultara indiferente de todo punto, si mirara hacia otro lado, seguramente es que no habría entendido el mensaje cisterciense. Bueno, ni tal postulado ni casi nada mas, salvo que me incluyera en el grupo —demasiado abundante sin duda— de quiénes se ocupan de tejer la vida con los lazos de los intereses y las conveniencias, lo que nunca ha sido, ni será —Dios mediante—  mi estilo. Aunque esa conducta en ocasiones me  haya aportado dosis nada despreciables de tristeza al sufrir en soledad la crueldad humana para con los míos, estado interior que no sólo no me condujo a la inacción, sino a la acción mas dificil de cuántas conozco: resistir sin ceder un miligramo de dignidad en el combate.

No, no siento alegría interior ante la contemplación de un paisaje —y paisanaje—   desolador. Pero no abatimiento ni inacción. Escribo —eso es acción— hablo —eso es acción — diserto —eso es acción— y resisto en mi dignidad —eso es acción– precisamente porque no sufro del mal de la indiferencia ante lo desolador. Por eso me reafirmo en lo dicho en el artículo: Una sociedad, querido amigo, muy descompuesta. Y no es derrotismo, es simplemente, en mi modesta opinión, el intento de ver con los ojos de la realidad y con alma llena de nostalgia de eso que te decía: una nueva oportunidad perdida para tratar de construir un mundo mejor”. Pero es aquí donde debo darle —y con gusto lo hago— la razón: no es exactamente nostalgia el sentimiento que abarrota el alma, porque la nostalgia es categoría que implica tiempo pasado, y aquí debatimos de presente y  futuro, asi que por congruencia debí emplear esta otra: esperanza. Pero quizás eso mismo dejé dicho en el artículo unas líneas mas arriba cuando ante la ilusión que me produjo la predicción de que España liderara el cambio y la contemplación dolorosa de lo que tenemos entre nosotros al día de hoy,  señalé como posible explicación: “que los tiempos —es otra esperanza— no son los que imaginaron”.

Tendremos buenos tiempos en un futuro que nadie sabe cuando se convertirá en presente. Pero en todo caso, con melancolía gallega, cierta tristeza de corazón no endurecido, la vocación impenitente de peregrino de la certeza, continuaremos con lo que hemos venido haciendo estos años: la acción en sus diferente planos. Pero no vale con sólo la acción, ni únicamente  la inteligencia, ni exclusivamente la voluntad. Hace falta el Plano Central del diseño en el que el individuo y la dignidad humana tienen que ocupar su plaza. De otro modo continuaremos errando. Y la construcción de ese Plano Central, como bien sabe D. Julio, reclama al soporte previo de la educación.

9 comentarios en “Tristeza, corazón endurecido, melancolía, esperanza y…España de hoy

  1. Personalmente no creo que esta sea una sociedad muy descompuesta. Si pienso que somos una sociedad completamente aletargada y que se deja llevar. Somos «pasotas» y mientras algo no nos afecta en primera persona, o en nuestro entorno cercano, no nos preocupamos por ello.

    Pero cuando la ilusión prende en la sociedad por cualesquiera motivo, cuando encontramos la causa para trabajar los unos por los otros, cuando logramos aglutinar nuestras esperanzas entorno a un objetivo común, esta es una sociedad brillante, ejemplar, increíble.

    No debemos dejar de trabajar nunca por cambiar lo que tenemos, cada día con mayor intensidad que el anterior, a pesar de que las cosas incluso empeoren por mucho que nos esforcemos, y que nuestro trabajo no encuentre eco en la sociedad. Porque con sus virtudes y defectos, la sociedad es la que es, y sólo pedirá un cambio cuando encuentre la llama que la movilice, la ilusión que nos saque de nuestro letargo, las ganas por dejarlo todo para lograr el cambio, y la necesidad de que todo sea distinto para que todo sea mejor.

    Encontrar ese motivo, esa chispa, esa ilusión que aglutine a millones de personas entorno a un objetivo no es tarea nada fácil. No es suficiente el diagnóstico de lo que ocurre, no basta con decir lo que hay que hacer y cuál es la solución, hay que lograr movilizar conciencias en torno a un objetivo, generar ilusión hacia un fin.

    Diagnosticar acertadamente la enfermedad, contar mejor equipo médico y tener al alcance el tratamiento que cura en un 100% de los casos, sirve de poco si el paciente no tiene la ilusion de aplicarse ese tratamiento por contar con la esperanza de curarse.

    Entre todos tenemos que contagiar la ilusión y la esperanza por curarse, definiendo un diagnóstico, un equipo médico y una cura que generen fe ciega. Y para ello hacen falta el trabajo abnegado de muchísimas personas, trabajando desinteresadamente por un mundo mejor para la sociedad y el Ser Humano.

    Mario, en tu artículo dices: «Escribo, hablo, diserto y resisto» todo en primera persona. Y claro que es acción. Eso es acción. Y un trabajo loable digno de reconocimiento. Pero para que todo cambie, para que llegue un mundo mejor para el Ser Humano, es necesario un: «Escribimos, hablamos, disertamos y resistimos». Solo siendo un grupo de muchos trabajando abnegadamente llegará el cambio para todos. Y para que sea el trabajo de muchos, para lograr el plural en esta tarea, nada mejor que ilusionar y confiar en todas las personas deseosas de protagonizar este viaje.

  2. KHAN85
    en said:

    Siempre me ha gustado de la religión judía (respecto de la cristiana) el hacer mayor inciso sobre el temor a Dios, además de amarle.

    Y es que como decía Maquiavelo, alguien ofende antes a quien ama que a quien teme. En especial quienes tengan una personalidad más rebelde y menos conformista.

    Y siguiendo con la charla religiosa, dejando a un lado el judaísmo y entrando en el cristianismo…

    «No es lo que entra en el hombre lo que le contamina, sino lo que sale de él»

    Las emociones, la tristeza, el pesar, la alegría, la euforia… son formas de percibir/visualizar el mundo, nada de malo tiene eso en sí mismo.
    Lo malo es como pueda influir eso en lo que sale de nosotros, en nuestra voluntad, pero nosotros siempre tenemos la última palabra en lo que decidimos, sean cuales sean las emociones que percibamos.
    Mucha euforia, satisfacción… nos inmovilizará, estaremos a gusto, ¿para qué hacer nada?. Mucha tristeza, pesar… también, creeremos que nada se puede hacer, ¿para qué hacer nada?.

    A Mario Conde le leí hace unas semanas una conclusión… a la que yo también había llegado años atrás «Mentir a los demás es, por desgracia, común. Pero mentirnos a nosotros mismos lo es mucho más».

    No deberíamos autoengañarnos intentando percibir una falsa realidad para sentirnos mejor. Uno tiende a creer lo que desea creer, y a no creer lo que teme creer. Pero esa es una conducta emocional que no ayuda en nada a percibir la realidad con objetividad. Y sin información real y cierta, cualquier decisión tomada será errónea.

    Sí, la situación actual de España es desastrosa, es triste, esa es la realidad y la verdad desagradable.

    Pero eso no implica cruzarse de brazos.

  3. bttberttice
    en said:

    Le voy a decir dos frases que dice un amigo mio, dignas de incluir en el refranero español, una es «vamos que nos vamos….» y la otra, «Sube que te llevo…» le regalo las dos, para su fondo de armario.

  4. Dices tantas cosas en una sola frase que cuesta saber por dónde empezar a meter baza sin alargarse demasiado 😉

    Creo que podríamos diferenciar entre la tristeza que te inactiva y la que te activa o mantiene en el estado habitual de la persona.
    La inactivadora sería aquella con la que hay que tener más cuidado porque seguramente está rozando la puerta de una depresión, por tanto, ojo avizor. La tristeza que te mantiene o activa sería, generalizando un poco, el resto.

    Habría mil ejemplos de cada una de ellas, pero de las del segundo tipo todos los seres humanos y no humanos tenemos experiencias y por suerte de las del primero (tristeza —> depresión) menos aunque también demasiados.

    Y ahí entraría la interpretación de cada persona cuando lee un texto, la tuya, la del señor Julio, la nuestra…

    En cuanto al país, es una tristeza diferente, como una tristeza ‘asqueante’ que hace que te preguntes cada día que será a largo plazo del concepto de la dignidad.

  5. Esther Ibanez
    en said:

    La tristeza es una emoción muy sana cuando es reactiva a algún suceso que nos duele. Darle forma a la tristeza con palabras escritas en un texto es una buena manera de sacarla de dentro de nosotros. Eso no significa que nuestro estado sea de permanente tristeza, ni que nos conduzca a la inacción, lo que indicaría un estado patológico de tristeza continua comúnmente llamado «depresión». Tristeza y alegría es una polaridad, y por ello, no pueden vivir la una sin la otra. Quién no es capaz de sentir una tristeza profunda, tampoco será capaz de sentir una alegría inusitada.
    Me quedo con la frase:
    «…el endurecimiento del corazón les priva de sentir el Amor, en todas sus dimensiones, incluyendo, en consecuencia la Belleza.»

  6. druizgar
    en said:

    Buenas noches, pasar de la queja a la acción es el movimiento que nos falta a casi todos los españoles (y no creo que el resto de ciudadanos del mundo vayan muy sobrados). Pero este movimiento debe fundamentarse en el combustible de las preguntas, del interés, de la ilusión por mejorar día a día, un país o una vida. Ese combustible hoy tiene un 90% de impuestos, nos han cortado nuestro márgen de maniobra y recuperarlo, si es que algún día lo conseguimos, costará mucho, mucho tiempo.

    Un saludo.

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