Entre toros y moscas

Entre toros y moscas

Para muchas personas resulta cansino hablar hoy en día de partidos políticos. Es un terreno tan trillado y baldío, tan carente de honestidad para consigo –para con ellos, entre ellos-, tan mediocremente altanero, tan de discurso huero y lectura desangelada, tan deshumanizado, tan ausente de la realidad viva y desnuda… Se alejan de nuestra realidad mar adentro, elucubrando sobre las mismas diferencias rancias que se oían hace casi medio siglo: que si la derecha es buena, que no que no, que es fascismo; que si la izquierda es buena, qué dice usted, que es la locura del comunismo…

Mientras, la sociedad sigue sin hallar canales reales de encuentro y unificación, tal y como consiguen las redes sociales a su manera. Por tanto, no parece ni que haya una actitud cabal de los gobernantes ni un espíritu decidido por parte de la ciudadanía para tratar de coger el toro por los cuernos: … El toro de la corrupción del ideal democrático, el toro de la miseria económica aún no comprendida de nuestro país, el toro de los abusos, de las injusticias, de los desahucios, del paro, de la educación, de la sanidad… Por eso nos resulta cansino y vergonzoso hablar desde el nivel y contenidos de los actuales debates de los partidos políticos y sus medios. Porque ofenden la gravedad, la sensibilidad y la necesidad de acción que reclama nuestro tiempo. Porque en su nivel de capacitación y compromiso estos debates resultan menos eficaces y productivos que espantar moscas.

Un querido amigo me ha aconsejado que haga como él y  dé un giro de 180 grados a mi atención, dedicando más tiempo a observarme a mí mismo y a mi vida: a agradecer que me encuentre bien de salud, a agradecer que tenga mis necesidades básicas cubiertas, a agradecer que esté vivo. “Sé agradecido contigo mismo -me ha dicho –, porque si tú te sientes bien en tu vida, tu entorno será afectado por ese sentir, lo aprecien o no. Sé solidario si te nace, especialmente con quienes sufren los abusos del poder, pero evita en lo posible caer en el enojo estéril, que no da otro fruto que el desahogo colectivo de nuestra frustración».

Hay pocos pueblos tan desagradecidos consigo mismo como el español. Pueblos con historia, con cultura, con infraestructuras, con una sociedad civil preñada de deseos de mejora; y sin embargo, que reniega de sí misma. Por eso resulta comprensible que tampoco exista confianza hacia los partidos políticos, porque siguen en su lucha ciega del poder por el poder, aun a costa de liquidar el país, desgarrar nuestra sociedad y menguar nuestros derechos y nuestras libertades… En algún punto tocaremos fondo, afortunadamente, y será el tiempo en que la sociedad gire su atención 180 grados y apueste de nuevo por su futuro, por sí misma, sin salvadores ni caudillos.

Si somos tan ricos en creatividad e inventiva como para crear memes de lo más variado para cualquier asunto de actualidad, ¿qué pasaría si la sociedad consiguiera encauzar todo su talento, toda su energía y todo su genio colectivo para forjar por sí misma su propio destino?

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12 comentarios en “Entre toros y moscas

  1. Antonieta
    en said:

    A la pregunta “¿qué pasaría si la sociedad consiguiera encauzar todo su talento, toda su energía y todo su genio colectivo para forjar por sí misma su propio destino?” Mientras que haya gentuza que les importa un bledo el resto de la humanidad y viven por y para atesorar poder y riqueza, nuestro destino estará en manos de ellos. Ahora bien, si la sociedad fuera conscientes de que la libertad no es una opción, sino un derecho y que nos están utilizando para su propio beneficio, tan solo faltaría un líder coherente y honesto para recuperar la libertad que nunca tuvimos.
    Buenos días.

  2. Eliseo de Bullon
    en said:

    ¿Por qué no nos sentimos como Pueblo? ¿Por qué es tan difícil? Seguramente porque somos muchos Pueblos superpuestos en nuestra memoria colectiva. Y seguramente también en cada inconsciente individual. Y cuando alguno de estos Pueblos ha ofendido, sometido, aniquilado, insultado a otro, en nuestros inconscientes ha quedado esa mala onda vibrando. Y se ha roto el equilibrio.
    No hay desequilibrio territorial, ni España asimétrica. Hay conflictos individuales, sutiles, arrastrados históricamente, y que cada uno lo asimila según su esencia y su entorno.
    ¿Para ser un solo Pueblo debemos hacer que uno de los Pueblos que todos tenemos dentro de nosotros mismos venza a los demás Pueblos interiores, o debemos liberarnos de todos esos Pueblos interiores y crear otro nuevo? ¿Buscar al Pueblo vencedor, o buscar al Pueblo común, integrador, ético?
    ¿O es que al final no necesitamos de ningún Pueblo, nacemos y morimos solos, y solos nos daremos cuentas a nosotros mismos?
    Seguramente necesitamos de un Pueblo, pero no debemos dejar que ese Pueblo someta a cada Uno.

    • En nuestro caso, pongamos que es el español, resulta bastante más banal que eso: nos sentimos pueblo cuando alguien desde fuera nos excluye, o nos ataca, y nos lo hace ver. En la historia de España sólo hay una época de absoluto e incontestable sentimiento nacional unitario: la primera mitad del siglo XIX. ¿Por qué?: pues porque hacia el comienzo de tal siglo nos había invadido Napoleón, y sólo entonces es cuando todo peninsular cayó en la cuenta de que era español. Se sublevaron todos (catalanes, vascos, navarros, valencianos, murcianos, andaluces, asturianos, gallegos, castellanos,… los que menos los madrileños) y nadie se acordó de fueros, reinos, ni de historias de esas, todos cogían las armas con una única reivindicación de españolidad. El último fruto de esa época fue el general y presidente Prim, catalán que te habría retado a pistola si le dices que no era español. Es decir, que no duró mucho: medio siglo largo, y eso que fue una guerra atroz de seis años. Tengamos en cuenta que el nombre «España» -de Hispania- nos lo ponen desde fuera, los españoles nunca hemos sabido ponernos un nombre por nuestra propia iniciativa.

      Otros que descubren ser españoles por otra vía -que en el fondo es la misma- son los emigrantes.

        • Quizás no se refería a la fiesta en sí -en forzada decadencia por el avance de la consciencia respecto a la vida y dignidad de los animales (al menos, de los que no nos comemos)-, sino a la profunda simbología que tiene en sí el ritual del festejo y las figuras del toro, el caballo, el torero y sus acompañantes, al igual que la presencia del honorable y sediento público.

          En ese contexto surge la inclusión de una imagen compuesta para la ONU en favor de la paz. Ésa sería la verdadera y única patria por la que luchar combativamente, desde la paz. Sucede que en España llevamos en los genes el canto legionario de ¡viva la muerte!; pero claro, haciendo fervor de la muerte ajena.

  3. La sociedad española es una sociedad en la que han abundado los pícaros, que han puesto a muchas personas a la defensiva, al haberse vuelto desconfiados. También es una sociedad en la que han abundado los egoísmos.

    Pícaros y egoístas han logrado que mucha gente de bien, permanezca inmóvil. «Para qué iniciar esta u otra tarea en favor del bienestar colectivo, si me van a engañar u otros lo utilizarán en su propio provecho».

    Sin embargo, la sociedad española es también una sociedad ejemplar. Cuando percibe actos generosos plenamente orientados en favor de los demás, surge un sentimiento de afinidad que moviliza la acción de modo incondicional.

    Primero el sentimiento, luego el liderazgo.

    Son esos pícaros y esos egoístas los que hacen que a la sociedad española le cueste movilizarse, pero una vez que el sentimiento prende, una vez que la llama se ilumina, no hay quién nos pare hasta lograr el fin perseguido.

    Para que la sociedad encauce todo su talento, toda su energía y todo su genio colectivo en forjar su propio destino, es necesario que surja ese sentimiento en torno a actos concretos, desinteresados y ejemplares, que ilusionen. Y ahí es donde la recomendación de tu querido amigo, es básica. Girar 180 grados hacia uno mismo, y pasar del decir que hay que hacer al yo hago, generando ilusión entre quienes perciben cada acto, e imitación entre quienes prende el sentimiento.

    De la palabra a la cosa, empezando por uno mismo, para que surja el cambio en los demás.

    Traigo por ejemplo a la Madre Teresa de Calcuta. Por mucho ahínco que le hubiera puesto a denunciar las injusticias de este mundo, habría logrado mas bien poco. Unos hubieran pensado que lo hacía por interés propio, y otros pensaban que trataba de engañarlos. La sociedad no se hubiera movilizado por unas bellas palabras. Pero en el momento en el que toma el toro por los cuernos, en el momento en que con sus actos muestra el camino, la generosidad de su vida, y su entrega incondicional a los demás, surge en la sociedad un sentimiento que reclama su incondicional liderazgo.

    La sociedad no va a tomar el toro por los cuernos. Pero si seguirá a las personas que sean capaces de tomar el toro por los cuernos. Personas que hagan prender el sentimiento al girar 180 grados, para que la sociedad reclame su incondicional liderazgo.

  4. chorima
    en said:

    La frase de Ortega y Gasset, creo que no se debe de confundir la velocidad con el tocino,¨_ quizás sea porque soy completamente contraria a los toros _ De lo que si no tengo la menor duda es que el español es individualista per se _ primero yo, después yo y siempre yo_ no hay mas que asistir a cualquier tipo de reunión, colegios, vecinos…. nunca importa el problema de todos, a cada uno le importa lo suyo, por que yo y yo y yo y lo que se podría solucionar en media hora pues dura dos o tres y felices si se ha solucionado algo, esto aplicado a la vida política nos lleva a donde nos encontramos. Ese individualismo nos impide al comprometernos y responsabilizarnos de aquellas cosas que serían mejorables para el colectivo. Ya si hablamos de partidos BUFF, aún estando de acuerdo en algunas cosas, dicen siempre lo contrario. Si lo que se esta tratando,es bueno para el país que mas da que lo presente uno u otro, pero no hay que oponerse porque sí.

    Lo mejor la recomendación de su amigo, giro de 180 grados y tratar de crecer como persona cada vez mas, hacer lo que creemos que tenemos que hacer con nuestros semejantes en todas aquellas cosas que podamos

  5. Luis C.
    en said:

    El drama de la humanidad es que resulta mas fácil destruir que crear, es mas rápido, es mas barato y para muchas personas resulta mas tentador. Podemos haber cientos queriendo construir algo durante años que todo ese trabajo nos lo tirarán en unos meses con algún eslogan sencillo.

    Y es que hablamos de sociedad, pero no hay una sociedad como tal, hay muchas, y viven interrelacionadas, con diferentes tensiones. El resultado es que vivimos en una especie de guerra de guerrillas social en la que cada grupo instrumentaliza los recursos mas variopintos para ganar y encima financiada por aquellos que precisamente intentan poner un poco de orden en todo este caos.

  6. bttberttice
    en said:

    «Un querido amigo me ha aconsejado que haga como él y dé un giro de 180 grados a mi atención, dedicando más tiempo a observarme a mí mismo y a mi vida: a agradecer que me encuentre bien de salud, a agradecer que tenga mis necesidades básicas cubiertas, a agradecer que esté vivo. “Sé agradecido contigo mismo -me ha dicho –, porque si tú te sientes bien en tu vida, tu entorno será afectado por ese sentir, lo aprecien o no. Sé solidario si te nace, especialmente con quienes sufren los abusos del poder, pero evita en lo posible caer en el enojo estéril, que no da otro fruto que el desahogo colectivo de nuestra frustración”.» Muy buen consejo de amigo.

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